Un presuntuoso enamorado
dijo a su novia un día:
- Yo puedo ver los paisajes que se pintan en los ojos.
- ¿Sí?- dijo ella- Entonces dime qué ves en los azules.
- En los ojos azules veo cielos y mares.
- ¿Y en los verdes?
- Bosques frondosos y prados.
- ¿Y en los de color almíbar?
- Fuego y días soleados.
- ¿Y en los grises?
- Nubes y nevados.
- ¿Y en los cafés?
- Leña de hogar y secas hojas al viento.
- Ahh…¿Y qué ves en los míos?
- En los tuyos…
“Veo un mar infinito agitado por el viento de tus pestañas, y un ocaso al fondo que alcanza a iluminar aún la bóveda del cielo.
Veo al otro lado de tu playa, hermosas rocas llenas de musgo y montañas al fondo con su nieve en las alturas.
Veo un hogar encendido en su interior con el fuego que calienta al Alma y derrite al corazón.
Veo en tu prado, árboles creciendo y flores renaciendo, y en tus pupilas puedo ver, muy en el fondo, una noche que se asoma con una luna sonriendo, porque tus estrellas, como diamantes clavados en el cielo, aparecieron.
Veo llegar la lluvia de tus lágrimas, regándose en las copas de los árboles
y al amanecer aprecio
como el rocío parece
esmeraldas insertadas en sus hojas.
Y cuando al fin sonríes,
veo el sol que con el beso de tus párpados descansa
y las líneas que se forman en tu cara
se convierten en los rayos de ese sol
que pasan a través de tus ventanas
como chorros de luz cayendo sobre el mundo…”
Y su enamorada
preguntó desconcertada:
- Pero si mis ojos son negros, ¿cómo es que ves todo aquello?
- Tus ojos no son negros, te equivocas. Son del color del arcoiris de mis sueños.


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